Eusebio Leal, Javier de Cárdenas y Daniel Taboada, durante la inauguración de las Jornadas de Arquitectura Vernácula de 2015

 

 

 

 

 

Eusebio Leal, Javier de Cárdenas y Daniel Taboada, durante la inauguración de las Jornadas de Arquitectura Vernácula de 2015


Eusebio Leal Spengler

(La Habana, 11 de septiembre de 1942 – 31 de julio de 2020)

in memoriam

UN PERSONAJE EXCEPCIONAL

Eusebio Leal era un personaje único. Irrepetible. Fue la persona con más poder en La Habana. Dependía directamente de Fidel. De él recibía directamente las órdenes y a él sólo daba cuenta de sus actuaciones. Si Eusebio te decía a algo que sí, era que sí. Si te decía que no, no servía de nada insistir.
Era un hombre modesto, muy modesto. No aceptaba ninguna invitación. Y era trabajador, tremendamente trabajador. Cada mañana llegaba muy temprano en su pequeño Fiat que aparcaba en un garaje detrás del edificio de la Lonja de Comercio y salía a ver cómo iban las cosas.
Subía por Obispo. Entraba en todos los negocios, bares, restaurantes y locales que dependían de la Oficina del Historiador y veía cómo se desarrollaban las cosas. No dejaba nada al azar. Todo el mundo le saludaba. Hablaba con unos y con otros y resolvía los problemas que le planteaban. No tenía que consultar con nadie, salvo para las cosas muy importantes que las resolvía al día siguiente.
Iba siempre con un pantalón gris y una camisola del mismo color. Si acudía a algún acto con guayabera blanca es que el acto merecía la pena.
Muchos quisieron quitarle el puesto pero estaba bien apoyado desde arriba.
Defendió La Habana Vieja, que era su vida, por encima de todo a pesar de los medios materiales escasos con los que contaba.
Hablaba como los propios ángeles. Tenía una memoria prodigiosa y una fluidez en la palabra como a poca gente he conocido.
Conté con su amistad durante casi 30 años. Me quería mucho y yo sentía lo mismo hacia él. En varias ocasiones me vio pasar debajo de su despacho desde la ventana por detrás de la persiana y abrió para invitarme a subir y darme cuenta de alguna actuación que había tenido que hacer y que quizás me pudiera haber extrañado.
Consiguió defender La Habana Vieja primero, y las fortificaciones que presentó junto con la ciudad para que fueran declaradas Patrimonio de la Humanidad. Después se encargó del Barrio Chino, del frente del Malecón y de diversos puntos de Centro Habana o del Vedado. Gente que le discutía sus actuaciones llegó a ser absoluto fan de él. Había que conocerle a fondo para entenderle. Defendió cosas de Patrimonio que estaban a punto de desaparecer. Hoy todo aquello ya está salvado.
No puede entenderse La Habana sin su presencia. La Habana le debe agradecimiento eterno.
Es cierto que hizo algunas cosas con las que recibió críticas despiadadas pero, poniendo en una balanza sus pros y sus contras, el resultado no puede ser más favorable.
Ayer lloré amargamente cuando me enteré de su fallecimiento, aunque desde hace mucho tiempo esperaba su fin. Difícil papeleta tiene quien le sustituya.
Estoy seguro que ya descansa tranquilo allí arriba y que cada mañana volverá a recorrer su Habana yendo a ver qué se sigue haciendo.
Descansa en paz, querido Eusebio. No te olvidaremos tan fácilmente.

Javier de Cárdenas y Chávarri
Marqués de Prado Ameno
Fundador de la Cátedra “Gonzalo de Cárdenas” de Arquitectura Vernácula de la Ciudad de La Habana